Dame tu almuerzo, si te chivas, te pego (Acoso Escolar)

 

Hoy día preguntamos a una persona adulta, un padre, una madre, un niño o niña de primaria, de secundaria, universitario/a, un educador/a, un maestro/a, un profesor/a, un orientador/a llegando a un legislador y todos sabemos qué es el bullying o acoso escolar.  En nuestra sociedad actual, todos hemos escuchado en algún momento hablar de ello y sabemos hasta definirlo, con más o menos palabras. Sin embargo algo ocurre cuando, cada vez, hay más casos manifiestos y públicos de situaciones de violencia y acoso escolar en nuestros centros educativos y en la calle. Recordemos el último caso de un niño de 12 años que está siendo medicado contra su voluntad porque lo que él desea es sentir la libertad y el descanso eterno del ingente sentimiento de culpabilidad que le produce la situación vivida pasada y presente con un grupo de compañeros de instituto.

 

Actualmente la violencia o acoso escolar concurre inicialmente en un camino insidioso e imperceptible para el entorno, confundiéndose en muchos casos con las típicas rencillas esporádicas entre adolescentes y entre los más pequeños. No se detecta hasta más tarde, cuando el sufrimiento que siente el/la menor le impide continuar con su rutina y vida diaria; promoviendo incluso determinadas conductas autolíticas (hacerse daño a sí mismo).

 

Es entonces cuando comienza una mayor o menor preocupación por parte de este entorno, familiar principalmente, originada porque el menor acosado comienza a manifestar un descenso brusco en el rendimiento escolar, un cierto (más o menos marcado) aislamiento social que incluso en ocasiones busca el/la propio/a menor, un cambio significativo en sus rutinas y hábitos diarios, un descenso de su motivación e interés por las cosas comunes que siempre le satisfacían; y un largo etcétera según el caso en particular de que se trate y la mayor o menor afectación del/la menor.

La sociedad está cambiando y lo hace hacia patrones de relación e interacción más agresivos, ya desde edades tempranas. Los modelos adultos son fundamentales para la prevención de comportamientos de hostigamiento, persuasión y violencia en general en nuestro/as menores. Así como para el aprendizaje de herramientas sociales y adquisición de recursos personales en nuestros hijos para que éstos puedan hacer frente de manera eficaz a un posible hostigamiento y/o  a una posible situación de violencia y acoso escolar. 

 

Los modelos son significativos en cada entorno en el que un menor se desenvuelve: familiar, escolar y social, pero no suficientes. El acoso escolar no es un problema particular de un entorno concreto sino que, al igual que ocurre con la Violencia de Género, ha acabado transformándose en un problema social al que las políticas actuales han de dar respuesta de manera inmediata y eficaz. Tal es así que, en estos días, una de las medidas que se ha adoptado desde el Ministerio de Educación ha sido facilitar un número de teléfono (900.018.018) para la lucha contra el acoso escolar, de uso no solo por las víctimas sino también para todo/as aquéllos/as observadores y testigos de situaciones de violencia y acoso escolar que quieran y deseen denunciar.

 

No obstante, desde la familia es muy importante saber detectar síntomas y comportamientos en nuestros hijo/as que nos alerten de la posibilidad de que están siendo sometidos, coaccionados, amenazados, hostigados y persuadidos por otros compañeros, de menor, igual o mayor edad. Entre otros motivos porque el sentimiento de vergüenza les hace silenciar su propia situación. Como madres y padres tenemos que aprender a ser observadores pasivos y activos de nuestros hijo/as, sin presionarlos ni agobiarlos, sino ofreciéndoles toda nuestra escucha y apoyo. Cualquier cambio brusco o paulatino puede ser indicativo y significativo. Es preferible descartar desde un inicio una situación de acoso escolar, que convencerse que no será nada, solo cosas de niños y vernos envueltos posteriormente un una situación mucho más compleja y con un impacto y afectación mayor en nuestro/a hijo/a, con las consiguientes consecuencias iatrogénicas que de ello se derivan. Entre esos cambios en nuestro/as hijo/as, cabe tener en cuenta y prestar atención a los mencionados anteriormente:

  • descenso en el rendimiento académico

  • negativa a ir a clases o salir a la calle

  • miedos y/o dolores repentinos, o no, e inexplicables

  • manifestación de tristeza, apatía y desgana vital

  • imagen negativa o distorsionada de ello/as mismo/as

  • no quiere participar en actividades sociales/escolares

  • no acude a fiestas escolares ni a eventos con compañeros

  • pide dinero...

Cualquier síntoma puede ser importante en la detección.

El acoso escolar no es cosa de niño/as, el acoso escolar es un grave problema que está emergiendo actualmente en nuestra sociedad. La prevención es necesaria desde todos los ámbitos y estamentos. La protección de nuestros niño/as garantiza su bienestar y salud emocional. Hagamos de nuestro/as menores, futuros adultos y motor de la sociedad, niño/as sano/as y con ello futuros adultos satisfechos y saludables.

 

Démosles voz ahora, la que ellos por su sentimiento de inseguridad, por su miedo y su vergüenza se han negado a sí mismos:

 

¡NO AL BULLYING, NO A LA VIOLENCIA Y NO AL ACOSO ESCOLAR!

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